miércoles, 6 de agosto de 2008

NUESTRA GENTE DIARIO NOTITARDE 08/07/2008


Yuraima Martini Peláez: Una luz al final del oscuro túnel
Foto: Arístides CórdobaJuan Pablo Valero


Yuraima Martini Peláez, es una de esas personas que cambian vidas, que tienden una mano cuando más se necesita, ella representa en muchos casos una luz al final de muchos túneles y una inconmensurable ayuda para quienes necesitan renacer y volver a empezar luego de haber perdido parte de su existencia con la muerte de un ser querido.
Esta gran persona nació en Caracas y pasó su infancia en varias ciudades del estado Zulia, debido al trabajo de sus padres en las compañías petroleras; cuando decidió comenzar su propio camino tomó la ciudad de Valencia como escenario y en ella terminó sus estudios que la hicieron odontólogo; en estas tierras también sembró sus cimientos con un matrimonio y dos hijos.
Su vida se vio severamente trastocada por la pérdida de su hijo en un lamentable accidente y a raíz de este hecho comenzó el difícil proceso de superar ese dolor y contó con la ayuda de varios profesionales en la materia.

Cuando comenzó a salir del estado en que se encontraba, en su mente nació la idea de ayudar a otras personas que pasan por esta ausencia, por este vacío, que ningún grupo de palabras podrían definir.
Se graduó de Asesora de Crisis y comenzó su camino en la ayuda de otras personas y creó la Fundación Volver a Vivir 2007, mediante la cual inició su anegable labor de tratar las emociones de los seres humanos que han perdido a los suyos y ayudarlos a despegar luego de tocar fondo por esta situación.

Ella es una cosechadora de esperanza y la ha llevado a todos lados como una fuerte premisa, con una fuerte creencia en Dios y la capacidad de cada persona de poder salir del atolladero emocional y con ello rehacer la vida, luego de experimentar la ausencia de un ser amado.
En su rol de sanadora ha ayudado a componer un grupo de almas rotas y mostrar los caminos a seguir para no abandonar la vida y renacer como el ave fénix de sus propias cenizas emocionales.
En compañía de María Gabriela Pint, mantiene esta noble labor todos los sábados en reuniones con quienes necesitan esta ayuda, en la Asociación de Vecinos de Los Sauces entre las 9 de la mañana y las 12 del mediodía.

Agradece a todos quienes han ayudado con este proyecto como es el caso del psicólogo Aarón Espinoza, quien a cambio de nada aporta todo su esfuerzo por ayudar al prójimo.
Esta gran dama expresó que el organismo que representa, ampliará sus límites y comenzará a tratar dentro de poco tiempo a otro tipo de pérdidas de seres queridos, para poder ayudar a más gente que experimenta el vacío de un adiós sin aviso de alguien que se encuentra alojado en el corazón.

Ella confía plenamente en Dios, ya que en su nombre pudo emprender su propio proceso de restauración y con la ayuda de psicólogos, amigos y el apoyo permanente de su hija Gabriela de Jesús, se pudo cumplir esta transición.

Con su labor, que es gratuita, se siente muy bien porque para ella no tiene precio poder ayudar y ser la luz que guíe los pasos de quien necesite salir de su estado de tristeza.
Asegura que esta función con Volver a Vivir 2007, ha sido una gran experiencia que la ha hecho crecer como persona y que se siente de gran forma cuando puede cambiar el llanto por la esperanza, cuando puede intercambiar el concepto de la desolación por un futuro, por el de un porvenir.

Indicó que las personas interesadas en recibir esta ayuda pueden llamar a los teléfonos 0414-439-2688 y 0414-433-7594 y pueden preguntar por su persona y por María Gabriela Pinto.
También pueden escribir a los siguientes correos volveravivir2007@gmail.com y volveravivir1@hotmail.com. También se puede revisar el blog http://www.volveravivir2007.blogspot.com/.

Yuraima Martini es un ejemplo a seguir, es una persona que transforma y evoluciona, una mujer batalladora e incansable, una líder de una iniciativa que busca ayudar a quien lo necesita sin pedirle nada a cambio.

Es un verdadero honor conocer a alguien como ella, porque su desprendimiento por la causa de otros es algo digno de resaltar, porque ella es una perseguidora de nacimientos, porque con su labor siembra la esperanza y el futuro, porque gracias a ella siempre hay sol luego de escenificarse una tempestad.

6.- ANTE LA MUERTE DE UN HIJO/A

La muerte de un hijo es uno de los acontecimientos más trágicos en nuestras vidas, y el cual cuesta mucho trabajo aceptar y más cuando contaba de gran estima familiar y social. Existe una incomprensión que rompe con el esquema natural del ciclo de vida que vamos llevando.

Nos parece una crueldad que una vida se termine cuando hasta ahora había empezado y los Padres se preparaban para ver realizado en sus hijos muchos sueños que, ellos no pudieron alcanzar.

Tal vez haya otros hijos a quienes cuidar, quizá retomamos la labor de ser Padres pero es muy difícil recuperar a ese… al que perdimos, es irremplazable.

Lo más duro es asimilar que todavía queda mucho por vivir y seguir adelante, aún sabiendo que nada va a llenar el lugar que dejó el hijo fallecido.

Aunque tú hijo se haya ido, aún hay futuro, existe una luz al final de ese túnel oscuro, frío y gris, aunque en éste momento te parezca casi imposible.

Independientemente de la edad, la muerte de un hijo derrumba al más fuerte, y estremece fuertemente todas las áreas de la vida.

El papel de Padre es amar, proteger, enseñar, cuidar… y cuando un hijo muere, este papel contribuye a una sensación de inutilidad, falta de sentido a la vida y, en ocasiones, sólo ayuda a aumentar los sentimientos de culpa, ya que pueden llegar las sensaciones de fracaso.

El orden natural nos dice que los viejos han de morir primero; pero si esta es ya una circunstancia fuerte de aceptar, mucho más complicado es aceptar ese evento que parece ir en contraposición de la propia naturaleza.

El duelo ante la muerte de un hijo es uno de los más difíciles de afrontar y de los que requiere mayor apertura hacia el apoyo y la expresión emocional para poder recuperarse de la pérdida y poder seguir adelante el curso “normal” de la vida, es en realidad un VOLVER A VIVIR.

Es preciso el aprender a encontrarse con las propias emociones, pero además con las de la pareja y el resto de la familia que, sin decirnos nada parece que nos acusara.

CUANDO HAY UNA ENFERMEDAD PREVIA O UN PERÍODO DE HOSPITALIZACIÓN.-

En esta situación, no sólo tenemos que afrontar nuestro propio dolor, sino que enfrentamos el sufrimiento del hijo en estas circunstancias.

Obviamente cuando al hijo y a los Padres se les permite anticipar la llegada de la muerte, se tiene la posibilidad de iniciar el proceso que implica la comprensión de la separación y controlar el dolor antes de producirse la pérdida definitiva o muerte.

Aunque por tener que soportar la pérdida del hijo, a los Padres se les aumenta la carga emocional, y se les añade la angustia de tener que controlar sus emociones frente al hijo, lo mejor será dar rienda suelta a las emociones naturales e inclusive dejar fluir las lágrimas.

Se ha descubierto en este aspecto, que el pretender asumir una postura “valiente” no sólo aumenta la carga emocional haciendo que puedan venir las alteraciones físicas, sino que podrá traer como resultado que el hijo intente adoptar la misma respuesta y se cohíba de llorar y expresar sus sentimientos y emociones.

Por ello, lo mejor y más sano es ser sensibles y abiertos a la expresión de amor, tristeza o cualquier emoción que surja, así se logrará una manifestación genuina de los sentimientos y se podrán compartir absolutamente todos los momentos.

No debe olvidarse que el mejor medio de comunicación es el contacto; por ello, una palmada cariñosa, una caricia en el cabello, un abrazo, puede decir eficazmente te amo, sin necesidad de palabras.


CUANDO LA MUERTE FUE VIOLENTA O ACCIDENTAL.-

Los accidentes usualmente implican errores o descuidos de alguien o de algo. Por ello cuando alguien muere accidentalmente, los sobrevivientes quedan marcados por la culpabilidad y los reproches.

Cuando quien muere ya es adulto, pero sus Padres sobreviven, los sentimientos son tan intensos como si se hubiese perdido a un niño en la infancia.

Las preguntas que surgen son: ¿Por qué a él, que tenía tantos proyectos y vida por delante? ¿Por qué no yo, que ya he vivido? ¿Por qué él, si mis anhelos se cumplían en él?

Bajo estas preguntas se esconde el deseo sincero de los Padres de ocupar el lugar del hijo fallecido.

Si el fallecido es un niño, la tragedia se aumenta al percibirse la muerte como algo absurdo e injusto.

Los Padres tratarán una y otra vez de adaptarse a la situación, pero no es fácil. Quisieran poder regresar el tiempo y de algún modo poder borrar lo sucedido, se sienten culpables por el hecho de estar vivos y sienten lástima no tanto por su hijo, sino por ellos mismos. Los Padres lamentan no poder escapar de la tristeza, la confusión y el dolor de no poder recuperar al ser querido.

Se especula, se desea, se da vueltas a la situación, se trata de comprender, se reviven las circunstancias, se repasan una y otra vez las últimas vivencias pero no se logra poner al derecho la vida.

Al fin y al cabo no tanto lloramos por los que se fueron, sino por nosotros que nos sentimos desamparados, sin rumbo y sin razones para vivir, pues se ha muerto nuestro futuro.

La muerte de un hijo obliga a los Padres a confrontarse con su propia comprensión sobre el significado de la muerte y ellos es un punto crucial a la hora de enfrentar el duelo y de lograr ver alguna luz en el túnel oscuro y gris del dolor.

Despedirse de un hijo es una de las pruebas más duras de la vida, pero es también una extraordinaria posibilidad de conocernos a nosotros mismos y de replantearnos la posibilidad elaborar a futuro un proyecto de vida, algo que nos motive a encontrarnos
iluminados por esa luz al final del túnel que en un momento dado la veíamos tan distante.

Cuando se comparte esta experiencia común, por ejemplo en los espacios de los Grupos de Apoyo y Mutua Ayuda, las circunstancias propician la maduración y el acercamiento a otros miembros de la familia.


Elaborado y adaptado por Yuraima Martini fundadora del Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda VOLVER A VIVIR, para Padres y Madres que han sufrido la muerte de un hijo.

Fuente: ante las Penas de la Vida, Autor Paulo D. Acero.

viernes, 1 de agosto de 2008

5.- IMPLICACIONES EMOCIONALES EN EL DUELO.

Sólo las personas que son capaces de amar intensamente, pueden sufrir un gran dolor, pero esta misma necesidad de amar, sirve para contrarrestar su dolor y curarse.
TOLSTOI

Los seres humanos hemos estado afrontando duelo constantemente, y durante miles de años, ya que durante muchos años hemos sufrido multitud de pérdidas.

La devastación emocional es la más difícil de afrontar, duele el cuerpo, duele el alma, nos sentimos abrumados e incapaces.

El duelo se compara con la enfermedad física. El libro del profeta Isaías nos lo ilustra gráficamente cuando habla de: “Vendar los corazones rotos de dolor” porque la muerte de un ser querido nos daña de algena manera, el corazón.

Como en toda enfermedad es necesario darse un tiempo para afrontar los síntomas del daño emocional, que se evidencian a manera de:
· Tristeza: que no siempre se manifiesta llorando, aunque llorar es una reacción normal y necesaria.
· Soledad: se vive una sensación de enorme desamparo. La persona no sale porque no se siente segura.
· Rabia: es muy desconcertante para uno y para los otros y por ello es la base de muchos problemas.

La rabia se produce por:
- Sensación de frustración por no haber podido hacer nada para evitar la pérdida.
- Tendencia a la regresión, experiencias infantiles, sensación de incapacidad de existir sin el otro.
- Muchas se manifiesta de forma ineficaces como colocándola sobre otros, contra Dios, contra el fallecido (por no haber sido precavido), sobre los médicos (en caso de enfermedades),contra nosotros mismos. La más peligrosa es cuando va dirigida hacia uno mismo, pues da lugar a tendencias autodestructivas.

· Culpa y autorreproche a sí mismo: por algo que ocurrió o descuidos alrededor de la muerte.
· Ansiedad- desasosiego: sensación de que no podemos cuidar de nosotros mismos, conciencia de vulnerabilidad- temor de la propia muerte.
· Apatía e indiferencia: se experimentan como una forma de negación de la realidad.
· Insensibilidad: la persona siente una especie de ausencia de sentimientos. Ante las pérdidas hay demasiados sentimientos para afrontar y si todos se vivenciaran simultáneamente, sería desbordante para la capacidad de afrontamiento emocional de un ser humano. En este sentido la sensación de insensibilidad inicial puede tomarse como una forma de protección del organismo.
A pesar de que todas las pérdidas provocan reacciones similares, cada pérdida trae consigo vivencias singulares.

En nuestro próximo encuentro dedicaremos un espacio específico a examinar los diferentes tipos de pérdidas, enfocándonos siempre con mayor atención en la pérdida de hijo/a, con el interés de brindar apoyo y herramientas necesarias para poder salir de ese túnel, que sí bien es muy oscuro, también es necesario transitarlo, (no hay atajos, ni fórmulas mágicas) para elaborar un duelo sano el cual nos permitirá “VOLVER A VIVIR” una vida con propósito.

Elaborado y adaptado por Yuraima Martini para el Grupo de Apoyo y Mutua Ayuda para padres y madres que han sufrido muerte de hijo/a VOLVER A VIVIR 2007.

Fuente: Ante las penas de la Vida ¿Qué podemos hacer? Autor: Paulo Daniel Acero.

VALENCIA- VENEZUELA.-